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Salud auditiva juvenil

Uso de audífonos a máximo volumen: Una pandemia silenciosa

Uso de audífonos a máximo volumen: Una pandemia silenciosa

In-ear, on-ear, over-ear o supraaurales; inalámbricos o con cable; deportivos, con o sin cancelación de ruido; grandes, pequeños, de colores. La oferta de audífonos es hoy tan diversa como masiva: existen para todos los presupuestos, estilos de vida y necesidades. Todos, sin embargo, comparten un mismo objetivo: llevar el sonido directamente al oído. Y aunque su uso no es perjudicial en sí mismo, el verdadero riesgo no está en el dispositivo, sino en el volumen al que habitualmente se utiliza.

En un contexto donde la música en streaming, los videojuegos online y el consumo constante de podcasts y redes sociales forman parte de la rutina diaria, el uso intensivo de auriculares se ha normalizado. La exposición prolongada a altos niveles de ruido, que antiguamente se asociaba a entornos industriales, hoy ocurre en el transporte público, en las salas de estudio o en el dormitorio de un adolescente.

Así se instala un fenómeno silencioso, pero potencialmente devastador: el daño auditivo inducido por ruido recreacional. Millones de jóvenes y adultos se exponen de forma habitual a niveles de presión sonora comparables a los de una faena de construcción, muchas veces sin advertir que el deterioro es acumulativo e irreversible.

En 2022, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que más de mil millones de jóvenes entre 12 y 35 años, podrían estar en riesgo de desarrollar pérdida auditiva inducida por ruido, lo que configura una posible “pandemia silenciosa”. Según explicó la profesora Macarena Bowen, académica del Departamento de Fonoaudiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (FMUCH), y magíster en Neurociencias de la misma casa de estudios, “este daño puede comenzar sin síntomas evidentes y progresar de manera inadvertida hasta convertirse en una pérdida auditiva permanente”.

Un daño irreversible y acumulativo

La profesora Bowen explicó que los umbrales de referencia para determinar cuándo una exposición sonora se vuelve riesgosa provienen, históricamente, del ámbito laboral: “En general, la norma ocupacional establece un estándar límite de 85 decibeles durante ocho horas; ese es el nivel a partir del cual se genera daño”, señaló.

La académica agregó que el peligro aumenta de forma exponencial según la intensidad del sonido, siguiendo una progresión específica. “Se utiliza una regla de tres decibeles: si aumento la exposición en esa medida, debería disminuir el tiempo a la mitad para no lesionar el sistema. Es decir, si escucho a 88 decibeles, el máximo recomendado son cuatro horas; a 91 decibeles, solo dos horas, y así sucesivamente”, detalló.

Pero ¿qué ocurre exactamente dentro del oído cuando esta exposición se vuelve frecuente?: “La exposición repetida a altos niveles de presión sonora, por ejemplo, cuando se escucha música a volúmenes elevados con audífonos, genera una sobrecarga en el oído interno, afectando el órgano de Corti y las células ciliadas. Estas estructuras, que parecen pequeños cilios, y que son fundamentales para transformar el sonido en señales eléctricas, no se regeneran una vez dañadas”, señaló la profesora Bowen.

El daño se produce por factores mecánicos y metabólicos. “El ruido genera un daño mecánico debido a la intensa carga sonora que las células ciliadas deben soportar durante periodos prolongados. El movimiento constante de los filamentos debilita sus uniones, haciendo que en imágenes microscópicas se vean “despeinadas “o incluso fracturadas”, explicó.

A ello se suma un proceso de toxicidad celular: “La liberación excesiva de glutamato —neurotransmisor encargado de la señal auditiva— provoca inflamación en las terminaciones nerviosas. Esta sobreestimulación favorece el deterioro progresivo de las fibras del nervio auditivo y puede derivar en la muerte de células y conexiones nerviosas”, detalló. “Una vez esto pasa, el daño es acumulativo e irreversible”.

La pérdida auditiva “oculta” y el tinnitus

Uno de los fenómenos que ha adquirido especial relevancia en la investigación reciente es la sinaptopatía coclear, también denominada “pérdida auditiva oculta”, un tipo de daño que no siempre es detectado por los exámenes habituales: “La sinaptopatía coclear implica que, si realizo un audiograma o una evaluación auditiva convencional, no voy a encontrar alteraciones. Los umbrales auditivos pueden aparecer totalmente dentro de rangos normales”, explicó.

Sin embargo, el daño sí existe a nivel del nervio auditivo: “Clínicamente, el primer signo de daño suele ser una “escotadura” entre las frecuencias 3000 y 6000 Hz. Muchos jóvenes presentan este perfil en su audiometría pese a tener umbrales globales considerados normales. El problema es que, al no generar síntomas evidentes en etapas iniciales, el daño progresa de forma silenciosa”, señaló la especialista”.

Entre sus síntomas más frecuentes —señaló la especialista— se encuentran: “La dificultad para entender conversaciones con ruido de fondo; sensación de oídos tapados; molestia frente a sonidos intensos; y aparición de tinnitus —zumbido o pitido en el oído—, inicialmente intermitente y luego permanente”.

Sobre el tinnitus, la académica describió que “muchas personas, después de pasar horas con audífonos o tras asistir a un concierto, terminan con un pitido en el oído. En un inicio puede ser temporal, pero luego puede transformarse en algo permanente. Eso es un tinnitus, y es característico de exposición prolongada a ruidos”. Cuando el tinnitus se intensifica o se vuelve persistente, puede ser altamente discapacitante, afectando la concentración y la calidad de vida.

En la práctica clínica, esta situación se refleja en consultas frecuentes de jóvenes que presentan síntomas inespecíficos y resultados poco esclarecedores: “La mayoría de los pacientes que consultan, describen dificultad para escuchar en ambientes ruidosos y la presencia de tinnitus, ya sea permanente o intermitente. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos se les informa que su audición es normal”, concluyó la profesora.

Jóvenes en la mira: una pandemia silenciosa

El alza de este tipo de casos en los últimos años ha provocado la escalada de la preocupación internacional: “La OMS habla de una posible pandemia de pérdida auditiva, porque se estima que actualmente hay cerca de un billón de personas jóvenes expuestas al ruido recreacional en el mundo”, señaló la profesora Macarena Bowen.

El grupo etario más afectado se concentra entre los 18 y 30 años, aunque el riesgo comienza desde la adolescencia: “El daño puede aparecer también en población más joven, como niños y niñas desde los 12 años que utilizan tablets o celulares con audífonos sin regulación efectiva”, agregó.

Consultada sobre las consecuencias a mediano y largo plazo, la profesora señaló que el impacto depende del nivel y del tiempo de exposición, así como de la susceptibilidad individual: “No todas las personas responden igual: hay quienes son más sensibles al daño”, explicó.

Asimismo, advirtió que las repercusiones van más allá de lo estrictamente auditivo: “La pérdida auditiva inducida por ruido recreacional puede generar dificultades sociales, académicas y laborales, y asociarse a efectos metabólicos, cardiovasculares e incluso a un mayor riesgo de deterioro cognitivo en la edad media. En algunos casos, las personas pueden requerir ayudas auditivas. A su vez, el tinnitus persistente puede volverse discapacitante, afectando la concentración y la vida cotidiana”, señaló.

El rol del tipo de audífonos

Uno de los factores que incide directamente en el riesgo de daño auditivo es la cercanía de la fuente sonora con el tímpano: “Mientras más cerca se ubique el sonido, mayor es el riesgo”, explicó la profesora Macarena Bowen. Por esta razón, los audífonos in-ear —o de inserción, que se introducen directamente en el canal auditivo— sin aislante físico (gomita) son los menos recomendados, ya que conducen el sonido de manera más directa hacia el oído interno, y permiten una mayor entrada de ruido ambiente.

La especialista advirtió que el problema se intensifica cuando estos dispositivos se utilizan en entornos ruidosos y sin aislamiento adecuado: “En un lugar como el metro, muchas personas suben el volumen incluso hasta el 100% para poder escuchar con comodidad. Nosotros lo medimos con estudiantes y, en algunos casos, los niveles alcanzaban entre 100 y 110 decibeles. Según la normativa, 110 decibeles solo se pueden tolerar durante unos 30 segundos sin generar daño”, señaló.

En contraste, indicó que los audífonos supraaurales —que cubren la oreja— o aquellos con cancelación activa de ruido ofrecen una alternativa más segura, ya que aíslan mejor el sonido ambiente: “Cuando el dispositivo bloquea el ruido externo, es posible escuchar de forma cómoda incluso al 50% del volumen”, explicó.

A nivel internacional existen regulaciones que establecen límites para los niveles máximos de salida de los dispositivos móviles. En Chile, en cambio, la normativa se centra en la información al usuario. “Los equipos deben advertirte cuando estás alcanzando un volumen perjudicial para la salud auditiva. Aparece una alerta indicando que estás superando el nivel recomendado, pero la persona puede aceptar y continuar”, precisó. Algunos dispositivos, como el iPhone, incluso entregan reportes sobre hábitos de escucha y advertencias cuando se registran exposiciones prolongadas a niveles de riesgo.

Frente a este escenario, la académica enfatizó la importancia de la prevención. “La educación es fundamental. Cuando aparecen señales de alerta, como la sensación de oídos tapados, muchas veces el daño ya está hecho y se trata de una pérdida auditiva irreversible”, advirtió.

Educación y prevención: la mejor estrategia

Dado que la pérdida auditiva inducida por ruido es, en gran medida, prevenible, la profesora Macarena Bowen coincide en que la educación y la promoción del autocuidado son las herramientas más efectivas para enfrentar este problema: “Cuando empezamos a notar que escuchamos menos, muchas veces ya es tarde. Por eso la promoción y la prevención son la mejor línea de acción”, afirmó.

En ese sentido, la académica enfatizó la importancia de adoptar hábitos de escucha responsables desde edades tempranas. Estas son algunas de las recomendaciones:

  • No sobrepasar el 60% del volumen.
  • No escuchar más de dos horas continuas sin descanso.
  • Tomarse pausas en lugares ruidosos.
  • Utilizar protectores auditivos cuando corresponda.

“Son medidas simples que pueden marcar una gran diferencia”, señaló. Estas recomendaciones se relacionan con la conocida regla 60/60, que sugiere escuchar música a no más del 60% del volumen máximo durante periodos de hasta 60 minutos seguidos.

En relación con el uso de protectores auditivos, recalcó estos también puede ser una estrategia efectiva en contextos de alta exposición al ruido, como conciertos o entornos laborales: “Actualmente existe mucha más variedad que antes, y de a poco salen diseños a la moda. Hay modelos para atenuar los decibeles sin impedir la conversación, lo que facilita su uso en actividades sociales o recreativas”, añadió la experta.

Asimismo, agregó que es importante prestar atención a las primeras señales de alerta: “Si empiezas a sentir que escuchas distinto, tienes sensación de oídos tapados o el tinnitus aparece más seguido, dura más o se vuelve permanente, uno debiese consultar”, advirtió. En el sistema público de salud, explicó, la evaluación por un especialista se realiza mediante derivación desde atención primaria hacia otorrinolaringología.

En definitiva, la "pandemia silenciosa" de la pérdida auditiva no es una fatalidad inevitable, sino una consecuencia directa de hábitos modernos que pueden ser modificados. “El desafío no es dejar de utilizar estos dispositivos, sino aprender a hacerlo de forma responsable. Si logramos generar conciencia sobre el volumen, los tiempos de exposición y las pausas necesarias, podemos prevenir gran parte del daño auditivo asociado al ruido recreacional”. En un mundo cada vez más ruidoso, proteger el silencio y la salud de nuestros oídos es, hoy más que nunca, un acto de autocuidado fundamental.