En una emotiva ceremonia realizada en el Aula Magna del Campus Sur, la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (FMUCH) despidió a la generación 2026 del programa de especialistas en Medicina Interna, marcando el cierre de un proceso formativo exigente y profundamente transformador para sus egresados y egresadas.
La actividad se inició con las palabras del director del Departamento de Medicina Interna Sur, doctor Felipe Carrillo, quien destacó el carácter excepcional de esta cohorte, subrayando que su egreso representa “un hito profundamente significativo” para el desarrollo del programa. “Esta generación es el resultado de una evolución institucional profunda. El prestigio actual del programa no es una cifra al azar, sino el fruto de un trabajo sostenido en el tiempo que ha permitido elevar los estándares de exigencia clínica y pedagógica”, señaló.
Sobre esto, el doctor Carrillo afirmó: “Han vivido desde adentro, y a base de un esfuerzo innegable, el proceso de llevar este programa a posicionarse hoy, con total propiedad y por segundo año consecutivo, como el mejor programa de Medicina Interna del país”.
Asimismo, destacó que el sello de estos profesionales trasciende la técnica: “Ser un internista de excelencia significa también ser un estratega: alguien capaz de optimizar el cuidado dentro de una red hospitalaria, de liderar la articulación de equipos multidisciplinarios y de abogar por modelos de atención que verdaderamente respondan a la realidad de nuestro país”, sostuvo.
Finalmente, enfatizó la importancia de su formación en el sistema público: “Pertenecer a la Universidad de Chile y formarse en los pasillos del Hospital Barros Luco significa haber aprendido a navegar realidades institucionales complejas, defendiendo siempre el rigor académico y la dignidad del paciente por sobre cualquier otra variable”, concluyó.
La huella humana en la formación médica
En representación de los residentes que continúan en formación, el doctor Bastián Rivas ofreció un discurso centrado en los aspectos humanos del proceso formativo. Si bien reconoció el desarrollo de habilidades clínicas, enfatizó que “el principal legado de esta generación es una cualidad que trasciende lo técnico: la calidez”.
Según expresó, esta característica se construye en la interacción cotidiana con equipos de salud, docentes y pacientes, y constituye un sello distintivo del programa. “Es una cualidad que no se aprende en libros ni seminarios, sino en la experiencia compartida”, señaló, destacando que “esta forma de relacionarse ha contribuido a generar ambientes de aprendizaje más respetuosos y colaborativos”.
El doctor Rivas también valoró el impacto que los egresados han tenido en sus compañeros más jóvenes, destacando gestos cotidianos de apoyo y orientación que hicieron más llevadero el proceso formativo. En esa línea, afirmó que “esta generación deja una impronta que será replicada en futuras cohortes, fortaleciendo una cultura formativa basada en la empatía y el compañerismo”.
Finalmente, expresó un reconocimiento colectivo, señalando que “más que una despedida, este es un agradecimiento a ustedes por cada gesto amistoso y desinteresado” que marcó la experiencia de quienes continúan su formación.
Posteriormente, se realizó la entrega de galardones a los diez egresados, entre los cuales, el premio al Mejor Rendimiento recayó en el doctor Diego Osorio, mientras que el premio al Mejor Compañero se lo llevó el doctor Claudio Lucero.
Aprendizajes más allá de la clínica
Posteriormente, el representante de los egresados, doctor Claudio Lucero, ofreció un discurso construido colectivamente por su generación. En sus palabras, recordó los desafíos iniciales del programa y cómo, con el tiempo, “comprendimos que la formación en Medicina Interna va mucho más allá del aprendizaje técnico”, afirmó. “Aprendimos cosas que no estaban en los libros: a tolerar la incertidumbre, a acompañar cuando no hay cura, pero sí cuidado y a tomar decisiones difíciles en escenarios complejos”, añadió, subrayando que el rol del internista no se limita al conocimiento de enfermedades, sino que implica una comprensión integral de las personas.
El doctor Lucero también relevó el valor del equipo docente y clínico, señalando que “no solo nos transmitieron conocimientos, sino también criterios éticos y humanidad”. En esa línea, agradeció a las familias y redes de apoyo, reconociendo su papel fundamental para sostener el proceso formativo.
En su reflexión final, destacó la responsabilidad que implica ejercer la medicina en el contexto actual, señalando que el desafío es mantenerse como profesionales críticos, comprometidos y capaces de transmitir conocimiento. “El aprendizaje nunca debe doler”, enfatizó, reafirmando el carácter profundamente humano del quehacer médico.
Finalmente, expresó con orgullo: “Esta cohorte de médicos y médicas que egresan hoy logra a la perfección los objetivos del programa: sobresale en lo teórico, pero por sobre todo, destaca en lo humano”. De cara al futuro, instó a sus colegas a no perder la esencia de su vocación: “Ojalá que nunca perdamos la capacidad de asombro, que nunca dejemos de cuestionarnos y que siempre recordemos por qué elegimos este camino, porque nuestro trabajo sigue siendo profundamente un acto humanitario”.
Desafíos para el futuro de la medicina
El cierre de la ceremonia estuvo a cargo del decano de la FMUCH, doctor Miguel O’Ryan, quien situó este egreso en el contexto histórico y actual de la institución. En su intervención, destacó el rol de la Universidad de Chile como pilar de la medicina nacional, subrayando que “la relevancia de nuestra institución se sostiene, principalmente, en la calidad de la formación que impartimos”, afirmó. Por este motivo, “ser ahora especialistas en Medicina Interna de la FMUCH representa tanto un motivo de orgullo como una responsabilidad”, señaló.
En ese sentido, advirtió sobre los desafíos del sistema de salud, incluyendo el crecimiento sostenido de programas de formación médica y sus implicancias en la calidad. “Ante la realidad de un crecimiento desregulado de facultades de medicina, ustedes son quienes marcarán la diferencia, basándose en la calidad de su formación, la humanidad que los caracteriza y su compromiso con el servicio público que el país requiere”, afirmó.
De igual modo, abordó la importancia de fortalecer las relaciones colaborativas entre instituciones de salud y de formación, destacando que el modelo histórico de cooperación debe prevalecer por sobre lógicas transaccionales. En esa línea, llamó a las y los egresados a asumir un rol activo en la defensa de estos principios: “Les pido que nos ayuden a contrarrestar la lógica contractual de ‘yo te doy, tú me das’, para defender la relación colaborativa que ha sustentado históricamente la medicina en Chile”, manifestó.
Finalmente, el doctor O’Ryan felicitó a las y los egresados, deseándoles éxito en el continuo proceso de desarrollo profesional y humano. “Para mí es un verdadero privilegio, un honor y una gran alegría estar con ustedes hoy en representación de toda la Facultad de Medicina y desearles lo mejor. Mantengan este espíritu azul profundamente arraigado, porque con ello avanzamos todos juntos hacia el futuro”, concluyó.
La ceremonia de egreso de la generación 2026 de Medicina Interna del Campus Sur no solo marcó el cierre de una etapa formativa, sino también la proyección de una nueva cohorte de especialistas comprometidos con los desafíos del sistema de salud chileno. Con una sólida formación clínica y un fuerte énfasis en la dimensión humana de la medicina, estos profesionales están llamados a liderar transformaciones en su disciplina. Como señaló el doctor Felipe Carrillo, “no son solo especialistas del presente, sino los cimientos sobre los cuales se construirá la medicina interna de las próximas décadas”, delineando así el horizonte de una práctica médica más justa, crítica y centrada en las personas.