English
Ir al contenido

Más noticias

La doctora Andrea Mena junto a los tutores clínicos del Programa de Título de Especialista en Cirugía de Cabeza, Cuello y Plástica Maxilofacial

Formando a los profesionales y especialistas que el país requiere

Reconocimiento a tutores clínicos de Incancer

En un encuentro que se realizó el 7 de septiembre de 2026, la Facultad de Medicina reconoció a los profesionales de la salud que efectúan docencia clínica para residentes de programas de título de especialista y estudiantes de carreras de pregrado.

¿Neurociencias versus IA?

En el año del cerebro:

¿Neurociencias versus IA?

Se estima que para el año 2030 no habrá suficiente energía eléctrica en el mundo para el desarrollo de la inteligencia artificial. E incluso, si sigue esta tendencia en el año 2050, toda la energía del planeta debería estar dedicada a computadores que son entrenados para inteligencia artificial.

Académicos del DECSA fortalecen presencia internacional de la U. de Chile en AMEE 2026

Visibilizando experiencias locales

Académicos del DECSA fortalecen presencia de la U. de Chile en AMEE 2026

Los profesores Sandra Oyarzo y Oscar Jerez, del Departamento de Educación en Ciencias de la Salud de la Facultad de Medicina, participaron en la reunión anual de la Association for Medical Education, realizada en Viena, Austria, con una agenda centrada en el desarrollo académico, la innovación educativa, la educación interprofesional y la cooperación internacional.

Recuperando el arte del buen morir

Acompañando el dolor y el duelo

Recuperando el arte del buen morir

En la Edad Media el “ars moriendi” era un continuo del “ars vivendi”, o arte de vivir. Cuando la expectativa de vida era muchísimo menor a la actual, cuando los hijos que llegaban a la adultez eran menos que los nacidos vivos, la muerte era parte de las familias y del devenir cotidiano. Hoy casi es un traspié indeseable en la atención médica, institucionalizada y evitada hasta el ensañamiento; convierte a la tristeza en algo por tratar con pastillas, al luto en un sentimiento con días hábiles de duración y al hablar de ella en un privilegio sólo de quienes decidirán por otro. Pero en una facultad que forma a quienes cuidan la salud, crece el espacio para que morir vuelva a ser un buen final.

Investigación desde pregrado

ISOFLY Lab impulsa formación científica de estudiantes de Medicina

El laboratorio estudia los efectos del aislamiento social utilizando Drosophila melanogaster como modelo experimental. La participación de alumnos de la Escuela de Medicina en estas investigaciones llevó a Aracelly Vergara e Ignacio Salinas a presentar su trabajo en Londres y próximamente los llevará a Canadá.

El texto digital es de acceso gratuito en el portal de Libros Uchile

En el marco del Día Internacional de la Matrona y el Matrón

Temas emergentes para un mundo cambiante

El Departamento de Promoción de Salud de la Mujer y Recién Nacido de la Facultad de Medicina, reunió boletines desarrollados en el marco del trabajo del Centro Colaborador OMS/OPS para el desarrollo de la Partería profesional, la Salud Materna y la Salud Sexual y Reproductiva en el libro “Horizontes de la partería. Salud materna, sexual y reproductiva América Latina y el Caribe 2024-2026: Compilado de publicaciones breves (2026)”, editado por los profesores Jovita Ortiz, Jael Quiroz, Macarena Martínez y Pablo Gálvez.

Columna de opinión por Viviana Ulloa, académica de la Facultad de Medicina *

¿Por qué la gestión de riesgos debe ser inclusiva?

¿Por qué la gestión de riesgos debe ser inclusiva?

Por esta razón, cuando una emergencia golpea a un territorio, el impacto no se distribuye de manera equitativa. La vulnerabilidad no es un atributo ni una condición inherente a las personas; es el resultado directo de las barreras del entorno, las fallas institucionales y la falta de diseño accesible.

Frente a esta realidad, vale la pena hacer una pausa y preguntarnos: ¿Qué significa realmente gestionar el riesgo ante emergencias y desastres? Gestionar el riesgo no consiste simplemente en reaccionar, activar sirenas o repartir ayuda humanitaria una vez que la tragedia ya ha ocurrido. La gestión del riesgo es un proceso continuo, planificado y sistemático que se articula en tres grandes momentos:

Primero: conocer y prevenir. Implica identificar las amenazas, evaluar nuestras vulnerabilidades y tomar medidas estructurales antes de que el evento ocurra, para así reducir sus posibles daños.

Segundo: preparar y responder. Significa contar con planes claros, protocolos coordinados, sistemas de alerta efectivos y capacidades de respuesta oportunas para salvaguardar la vida en el momento mismo de la crisis.

Tercero: recuperar y reconstruir. Supone aprender de la emergencia para reconstruir mejor y fortalecer la resiliencia de las comunidades frente a futuros eventos.

En síntesis: gestionar el riesgo es actuar de manera anticipada sobre las causas estructurales que generan la vulnerabilidad, y no únicamente sobre sus consecuencias. Ahora bien, una gestión del riesgo que omite la diversidad real de la población es, por definición, incompleta, ineficaz e injusta. Y es aquí donde el enfoque inclusivo cobra una relevancia estratégica e impostergable.

Históricamente, los planes de emergencia se han diseñado pensando en un “ciudadano promedio” estandarizado: alguien que se supone puede oír una alarma, bajar rápidamente por una escalera o interpretar un letrero impreso.

Gestionar el riesgo con enfoque inclusivo significa cambiar el paradigma: pasar del modelo asistencialista a un enfoque sólido de derechos humanos. Significa comprender que la vulnerabilidad no reside en la persona con discapacidad, sino en las barreras del entorno y en la falta de planificación accesible.

Para que la gestión del riesgo sea verdaderamente inclusiva, debemos articular nuestra labor sobre tres principios rectores:

  1. Participación real y sustantiva: diseñar los planes, mapas de riesgo e instrumentos de emergencia con las personas con discapacidad, bajo el principio: “Nada sobre nosotros sin nosotros”.
  2. Accesibilidad universal: garantizar que la información, la infraestructura y las rutas de evacuación sean comprensibles y utilizables por todas las personas, en todas las fases del ciclo del riesgo.
  3. Capacidad e institucionalidad pública: dotar al Estado de herramientas operativas concretas que transformen la perspectiva de derechos humanos en decisiones y protocolos cotidianos.

La “Guía Práctica sobre Discapacidad y Gestión del Riesgo de Desastres en el Sector Público: lineamientos básicos para el desarrollo de una resiliencia inclusiva”, que CITRID y Senadis presentaron el pasado 4 de agosto representa precisamente eso: un instrumento concreto para que el sector público integre la inclusión como una norma estándar y no como una excepción o una medida accesoria.

Un país verdaderamente resiliente es aquel que no deja a nadie atrás. Al integrar la dimensión de la discapacidad en la gestión del riesgo de desastres, no solo protegemos a un grupo prioritario, sino que elevamos la calidad y la capacidad general del Estado para responder ante cualquier amenaza.

* Viviana Ulloa es subdirectora del Programa de Reducción de Riesgos y Desastres (CITRID)