Ir al contenido
English

Más noticias

Doctor Juan Fullá; doctores Enrique Paris, director médico de Clínica MEDS y Miguel O'Ryan, decano de la Facultad de Medicina; doctor Roberto Yáñez, presidente del directorio de Clínica MEDS; Margarita Ahumada, directora de RRII de nuestro plantel; doctor Juan Pablo Torres, vicedecano de la Facultad de Medicina, y Priscilla Molina, gerente general de Clínica MEDS

Instalaciones de primer nivel tecnológico disponible para formación de pre y posgrado

Facultad de Medicina reimpulsa su convenio con Clínica MEDS

Con la reciente puesta en marcha de su centro Noxis -que integra educación clínica, investigación médica y entrenamiento quirúrgico con tecnologías de última generación-, este recinto asistencial y nuestro plantel encuentran un nuevo espacio donde potenciar los vínculos académicos establecidos por primera vez en 2018 y renovados en 2023.

Jennifer Aldana, licenciada en Antropología, dio su testimonio como estudiante sorda

Con jornada sobre inclusión y transformación institucional

Campus Eloísa Díaz conmemoró Día Internacional de Personas con Discapacidad

El Salón Mario Caiozzi de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas fue sede de la jornada “Construyendo una Universidad Inclusiva: de la resiliencia individual a la transformación institucional”, un espacio de reflexión, diálogo intergeneracional y compromiso colectivo en torno a la inclusión, la discapacidad y la neurodivergencia en la educación superior.

Durante el aniversario del ICBM se realizaron una serie de actividades paralelas, tales como una exposición de posters de investigaciones realizadas por sus académicos y estudiantes

Aniversario del Instituto de Ciencias Biomédicas

28 años y un nuevo futuro

Con la cuenta pública del doctor Emilio Herrera, director del ICBM, y diferentes actividades académicas y artísticas, su comunidad celebró mucho más que sumar tiempo: festejó el camino construido por todos hacia el liderazgo que los define.

Cierre sanitario preventivo

El Veneno Amnésico de los Mariscos (VAM) que afecta a la bahía de Tongoy

El miércoles 7 de enero, la autoridad marítima decretó el cierre preventivo de la bahía de Tongoy, en la región de Coquimbo, además de prohibir el consumo de productos marinos. La medida se adoptó tras detectarse la presencia de Veneno Amnésico de los Mariscos (VAM) en concentraciones superiores al límite establecido. ¿Qué es el VAM y por qué aparece? Para abordar estas preguntas, conversamos con el doctor Benjamín Suárez, director del Laboratorio de Toxinas Marinas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

En el Campus Sur

I Jornadas de Psiquiatría y Salud Mental Comunitaria

El pasado 6 de enero en el Aula Magna del Campus Sur de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (FMUCH), se realizaron con gran éxito las I Jornadas de Psiquiatría y Salud Mental Comunitaria, las que registraron una alta convocatoria, con más de 180 asistentes en modalidad presencial y mediante transmisión online.

Nuevos profesionales comprometidos con la salud pública

Promoción 2024 de tecnólogos y tecnólogas médicas recibe su título

En una solemne ceremonia realizada en el Aula Magna doctor Gabriel Gásic de la Facultad de Medicina, la Universidad de Chile entregó su diploma de egreso a 87 nuevas y nuevos tecnólogos médicos, destacando su compromiso ético, vocación de servicio y formación en un contexto marcado por la pandemia y los cambios sociales.

La profesora Silvia Rojas explica que la idea del curso de Primeros Auxilios

Y realizaron una exposición ilustrada de sus aprendizajes

Primeros Auxilios, una mirada solidaria

Con éxito se realizó, por decimotercer año consecutivo, el curso de Primeros Auxilios, impartido por el equipo que lidera la profesora Silvia Rojas, académica del Departamento de Enfermería, en el marco de la Escuela de Verano de la Universidad de Chile.

El nombramiento de la académica Amalia Silva como primera Profesora Titular del Departamento de Enfermería es un hito para la Facultad de Medicina y para la Universidad de Chile

Fue también la primera directora de esa unidad

Enf. Amalia Silva, primera Profesora Titular del Departamento de Enfermería

Dice que el haber llegado a la máxima jerarquía académica no es el final de su carrera; que todavía le quedan nuevos desafíos en los que aportar. La profesora Amalia Silva, con casi 30 años de trayectoria en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y una carrera que incluye parte de su desarrollo en España, ha hecho de los cuidados basados en la evidencia y de la investigación en su disciplina un camino que ha abierto para que colegas y discípulos transiten hacia el desarrollo profesional y docente, en beneficio de los pacientes y sus familias.

Doctor Miguel Kottow, autor de “El Pa(de)ciente”:

"Las conductas se cambian en el largo plazo y los contextos sociales facilitan esos cambios"

"Las conductas se cambian en el largo plazo"

Dice que su esposa era profesora de matemáticas. Que durante muchos años han conversado acerca de qué queda de sus esfuerzos por enseñar. “Yo le digo que nada y ella dice que sí queda, algo, aunque uno se de cuenta más tarde. Efectivamente, a ambos nos ha tocado encontrarnos con exalumnos que dicen que uno los marcó, que les dejó mucho. Bueno, serán pequeñas semillitas, algo va quedando”. Y agrega, como develando un secreto: “en su profesión le va a pasar lo mismo”.    

El doctor Miguel Kottow sabe que uno es dueño de las palabras hasta que salen de su boca o de su lápiz, y que después de ello cobran –o no- vida en quien las recoge. En él, la bioética salió del papel para aprenderla como experiencia propia y aplicarla siempre en su trato con los estudiantes y los pacientes. “Por ejemplo, trabajé durante diez años en Alemania, como oftalmólogo, y ahí aprendí acerca de la autonomía del paciente, que uno no tiene más que explicarle la situación frente a la que se encuentra para que él tome todas las decisiones. Al volver a Chile empecé a aplicar lo mismo y los pacientes quedaban desconcertados, me preguntaban qué haría en su lugar, me empujaban a decidir yo, a pesar de que sabía que lo correcto era que ellos lo hicieran. Así que daba mis sugerencias para que finalmente tomaran sus decisiones. Eso fue una aplicación práctica de lo que yo había analizado de la bioética en términos de la relación médico paciente”.

Pero también sabe que el camino que tomen esas palabras puede ser distinto del que él les quiso dar. Por eso es que prefiere no referirse a la película, que vio a nivel familiar y que le gustó, pero que “claro, hay ciertas cosas que me gustaría haber resaltado más, que pasan rápido por razones fílmicas. El libro tuvo bastante aceptación, pero lo habrán leído dos mil personas y en Chile somos 30 mil médicos. Hay mucha gente que se rió con el libro, que  lo encontraron divertido en algunos episodios. La gente no cambia, no con el libro y con la película menos. Porque la Constanza (Fernández, directora del filme) me dijo claramente que el guión no iba a ser fiel al texto, que iba a tomar ciertos elementos”. Por eso, además, siente que “termina dando un cierto remezón porque muestra ciertas debilidades, pero no creo que sea cambiadora de maneras de ser de la gente”.

Y da otro ejemplo:

“Son las cosas que hay que hacer porque si no las hago es peor, pero de aquí a pensar que eso va a servir… Fue el caso de la ley de aborto, discutida por varios años; creo que estamos muy atrasados y hay maneras más lúcidas de abordar, como lo han hecho en otros países. Lo mismo en el caso de la eutanasia. Por estos temas me han pedido que vaya al Senado, a la Cámara de Diputados, a exponer, a mostrar una posición laica; nada de eso entró en la discusión y terminamos con una ley de aborto tan mala que ya estamos pensando en cambiarla. Ni siquiera las feministas se dieron cuenta de que era pésima, porque no les dio ninguna autonomía, y pasó que ahora hay entre 600 y 800 abortos legitimados, pero sigue habiendo 100 mil clandestinos. Es una ley pésima, advertida que iba mal, tengo artículos, discusiones, y no han atendido ninguno de ellos. Una posibilidad era quedarse callado”.   

“El desamparo y anonimato donde uno es precipitado es infinito”

Así fue como toda su vida profesional y académica vio a los ojos de sus pacientes no sólo a través de los propios, para sanar, sino a través de la mirada de cientos de autores plasmada en los libros, para acompañar. “Llevo muchos años, además de ser médico oftalmólogo, haciendo bioética; ahí hay muchísima literatura sobre la insatisfacción de los pacientes, la así llamada deshumanización de la medicina, la pérdida y fracaso en la relación médico paciente. Así que estaba sensibilizado en el tema, tanto para mi práctica médica como para los trabajos de reflexión y producción de libros. Por ello, no fue sorprendente para mí tomar un poquito la visión doble del afectado y del observador”, explica, cuando se enfermó por el Síndrome de Guillian Barré y debió hospitalizarse.

“Lo que sí me sorprendió, el gatillo más importante para el libro es que, pese a ser médico, el desamparo y anonimato donde uno es precipitado es infinito, se palpa a diario. Mi experiencia, que después ratifiqué con otros colegas, es que ser médico es detrimental para la relación como paciente con otro médico. A uno lo tratan más mal porque ven el ojo crítico, el que puede reclamar, por lo que acortan mucho el contacto. Salvo uno de los médicos que me trató –y que está mencionado en el libro como un neurólogo que era amigo mío desde antes, y que tiene mucha sensibilidad bioética también-, los demás tenían una relación estrictamente breve, de pararse al pie de la cama, de no tocarlo a uno por ningún motivo y no preguntarle más que lo decían los reflejos y el examen radiográfico. En todo el período que estuve en el hospital sólo una vez la fisiatra, que me empezó a atender tardíamente, se sentó a mi lado de la cama. Fue la única vez que alguien lo hizo, los demás se quedaban mirando la ficha o tenían contacto telefónico con la enfermera”.

Otro recuerdo lo devuelve a los pasillos del Hospital San Juan de Dios, donde desarrolló su carrera asistencial y docente: “Trabajé toda la vida en el servicio público, y era muy frecuente que se hicieran visitas a los pacientes y que los viernes ellos pidieran el alta porque igual se las iban a dar en corto plazo al haber terminado su tratamiento. Pero era igualmente frecuente que los médicos, por porfía, decían que no, para que se fueran el lunes. Y ese paternalismo autoritario es muy habitual, así como notorio esto de “qué le voy a explicar al paciente si no me va a entender nada”. Yo hace años que vengo diciendo que no se puede intervenir en el cuerpo de otra persona de una manera que no les sea comprensible; hay que explicar lo que se va a hacer, los riesgos, de una forma clara, pero nosotros los médicos somos muy malos docentes”.

Es que eso implica un esfuerzo que quizás no todos están preparados para hacer…

No, en absoluto. Yo hice clases en el curso de formación de oftalmólogos, y en una de ética oftalmológica recomendé a los estudiantes que los médicos tenían que darle todos los antecedentes antes de la operación de cataratas al paciente, explicar los daños posibles, los resultados esperables, los cuidados posteriores, hasta que un becado me dijo que “es que así no voy a poder operar nunca”. Entonces no opere nunca, le contesté.

Otro recuerdo lo lleva a cuando retomó la actividad docente una vez a la semana y gratuitamente, luego de recuperar su salud y cumpliendo la palabra empeñada al colega que llegó a ser el jefe del Servicio de Oftalmología. “Le pregunté a los becados cómo recibían a los pacientes, desde cero. Me dijeron que hacían el examen general y que luego le pedían una serie de exámenes. Yo les dije que no, que esos se solicitaban luego de tener una hipótesis diagnóstica, en función de ella, e ir agregándolos de a uno para salir de la incertidumbre. No me funcionó, después de dos meses tiré la esponja y le dije a mi amigo que no sacaba nada haciendo esa docencia, porque esta es una generación distinta a la mía, que van directamente a la técnica y cuando la tienen en la mano no saben cómo seguir. Predominan los nuevos aparatos y los métodos de diagnóstico caros, una medicina ajena a la que debiéramos hacer, sin contacto con  el paciente sino a través de la técnica, del instrumental. Esa tecnificación es otro de los motivos por el cual la relación médico paciente prácticamente se está eliminando, una euforia digitalizante que lleva a que el aparato saque  algoritmos a partir de los datos de las personas y con los cuales propone al médico qué hacer con el paciente”.

¿Eso lo atribuye a lo tentador de los avances tecnológicos o a una formación que podría ser mejorada?

Eso es intencionado, no un subproducto. Se da una formación que es profesionalizante, no pierden el tiempo en sicología o antropología médica, la bioética que enseñan es totalmente teórica y sesgada, y después escuché a muchos alumnos decirme que no les sirvió de nada. En cambio hubo ex decanos que decían que había que enseñar economía médica. Todo esto está mercantilizado y medicalizado.

Por eso, sentencia, “después de 35 años de bioética, de 50 años de profesión, estoy convencido de que no se puede cambiar a la gente, las conductas se cambian en el largo plazo y los contextos sociales facilitan esos cambios. Pero que una persona se pare, o que una disciplina como la bioética… yo la celebro, pero es lo más inútil que se pueda imaginar, porque con todo lo que ella anticipó, como que no se puede seguir con la desigualdad en salud,  llegamos a la pandemia con todo eso igual. Y ahora está pasando que los bioeticistas nos estamos dividiendo en dos grupos: los que dicen que volvamos a la normalidad que teníamos, por muy mala que haya sido, y los que dicen que quieren cambios radicales, sin tener idea de cómo se hace eso. Los instrumentos, los medios para eso, donde están”.