El encuentro, realizado el viernes 16 de enero por la Escuela de Obstetricia y Puericultura de nuestro plantel, reunió a autoridades académicas, docentes, familiares y amistades para celebrar el cierre de un exigente proceso formativo y el inicio de una nueva etapa profesional.
La actividad fue presidida por la directora del Departamento de Promoción de la Salud de la Mujer y el Recién Nacido, profesora Jovita Ortiz, y contó con la presencia en la testera de la secretaria de Estudios y ministra de fe de la ceremonia, profesora Soledad Reyes; el subdirector de Pregrado, profesor Pablo Quiroga; el director de la Escuela de Obstetricia y Puericultura, profesor Pablo Gálvez; y la subdirectora de la Escuela, profesora Marcela Goldsack. También asistieron autoridades académicas de la Facultad de Medicina, docentes, funcionarias y funcionarios del Departamento, junto a familiares y amigos, quienes acompañaron a las y los titulados durante su trayectoria universitaria.
Una generación formada en contextos de alta exigencia
El encargado de abrir la ceremonia fue el director de la Escuela de Obstetricia y Puericultura, profesor Pablo Gálvez, quien, al dirigirse a las y los nuevos profesionales, destacó el valor histórico y social de la formación impartida por la Universidad de Chile, así como las particularidades del contexto en que se formó esta cohorte: “Hoy nos convoca una ocasión que es solemne y profundamente emotiva: la titulación de una nueva generación de profesionales formados en la primera Escuela de Obstetricia y Puericultura del país, creada en 1834 y con 191 años de historia”, señaló.
En sus palabras, el académico subrayó que esta promoción cursó su formación en un periodo especialmente desafiante: “Ustedes se formaron en una época que les pidió más que a otras generaciones. Les exigió adaptarse, sostenerse, cuestionar certezas y construir sentido en medio de la incertidumbre”, afirmó, aludiendo al impacto del estallido social, la pandemia y la sobrecarga de los sistemas de salud. “Hoy están aquí, y eso no es poco. Es motivo de profundo orgullo”, añadió.
Asimismo, enfatizó el rol insustituible de la matronería en el actual escenario sanitario: “Ustedes se integran hoy a una profesión que se vincula directamente con el inicio de la vida, con el acompañamiento de las mujeres y las familias en procesos complejos, cargados de emociones, decisiones y responsabilidades”, afirmó. “Su labor no será solo técnica, será relacional, ética y profundamente política, porque incide directamente en la forma en que una sociedad cuida a las personas”, recalcó, llamando a ejercer la profesión con criterio, compromiso y humanidad.
En ese contexto, destacó que la formación recibida en la Facultad de Medicina implica una responsabilidad que trasciende el ámbito individual: “Ejercer desde la Universidad de Chile significa comprender que el conocimiento adquirido no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para aportar al bienestar colectivo, a la equidad en salud y al fortalecimiento del sistema público”, señaló. “Hoy no es el fin de una historia, sino que el inicio de otra. Esta nueva etapa la comienzan ustedes, como matronas y matrones de la Universidad de Chile, llamados a cuidar, acompañar y transformar”, concluyó el profesor Gálvez.
Posterior a las palabras del director de Escuela, la ceremonia continuó con la entrega de diplomas a las 104 nuevas matronas y matrones de la Universidad de Chile, quienes pronunciaron el juramento universitario guiados por la profesora Soledad Reyes, secretaria de Estudios y ministra de fe del evento.
En esta ocasión, el premio al mejor rendimiento académico de la promoción 2025 fue otorgado a la matrona Sarita Bilbao, destacada por su excelencia y constancia a lo largo de la carrera.
Asimismo, el Premio al Perfil Profesional, que reconoce a quien mejor encarna las competencias y valores de la disciplina, recayó en la matrona Denisse Mois, distinción entregada por el director de la Escuela de Obstetricia y Puericultura.
Por otra parte, el reconocimiento a la mejor compañera de la promoción, otorgado por sus propios pares, fue para la matrona Millaray Araya, valorada por su cordialidad, generosidad y espíritu colaborativo.
Finalmente, se distinguió la Tesis Destacada titulada “Percepciones de personas de sexo masculino homosexuales que viven con VIH sobre la paternidad”, desarrollada por las egresadas Gabriela Oyarzún y Lorena Ozimisa, por su impacto disciplinar y su potencial aporte a las políticas públicas.
Una generación marcada por la pandemia
En representación de sus compañeras y compañeros, las matronas Denisse Mois y Gabriela González ofrecieron un discurso que dio cuenta del recorrido colectivo de la promoción 2025, marcado por la virtualidad, la adaptación constante y el aprendizaje en contextos inéditos: “Hoy no solo recibimos el título profesional de matrones y matronas, sino también la responsabilidad de ser garantes y defensores de la salud sexual y reproductiva de la población”, expresaron.
Las tituladas recordaron los inicios de la carrera en plena emergencia sanitaria: “Comenzamos nuestra formación en marzo de 2020, en un contexto donde nada ni nadie estaba realmente preparado. Aprendimos a construir vínculos a la distancia, a sostenernos como grupo y a avanzar pese a la incertidumbre”, señalaron. “Nada de esto habría sido posible sin el apoyo constante de nuestras y nuestros docentes, quienes no solo nos enseñaron contenidos, sino que supieron comprender el contexto humano que estábamos viviendo”, añadieron, subrayando el valor del trabajo colectivo y la solidaridad.
En su intervención, destacaron el paso desde la virtualidad al ejercicio clínico: “Los libros cobraron sentido en las historias de cientos de mujeres y familias que confiaron en nosotros. Ahí comprendimos que la técnica solo tiene valor cuando se ejerce con sensibilidad y respeto”, afirmaron, destacando la dimensión humana del quehacer profesional.
Finalmente, hicieron un llamado a sus compañeras y compañeras a ejercer con profunda vocación pública: “Representen a nuestra universidad en cada atención que realicen. Recuerden siempre que fuimos formados para acompañar, escuchar y sostener, tanto a quienes deciden maternar como a quienes no, a quienes viven su salud en silencio o lo hacen acompañados. Tal vez no podamos cambiar el mundo entero, pero sí transformar realidades concretas a través de cada palabra respetuosa, cada consejería realizada y cada gesto que contribuya a devolver dignidad”.
El sentido social y ético de la profesión
Para cerrar la ceremonia, la directora del Departamento de Promoción de la Salud de la Mujer y el Recién Nacido, profesora Jovita Ortiz, entregó un mensaje centrado en la responsabilidad que asumen las y los nuevos titulados como profesionales de la salud y como egresados de la Universidad de Chile: “Ustedes egresan de una universidad pública, laica y plural, y eso imprime un sello particular a su quehacer profesional. No se trata solo de saber hacer, sino de comprender desde dónde y para quiénes ejercen”, señaló. “Desde ahora trabajarán en contextos donde sus decisiones impactan cuerpos, biografías, vínculos y proyectos de vida. La matronería es una disciplina científica, pero también profundamente humana y social”, sostuvo.
La académica abordó los desafíos actuales del sistema de salud y su impacto en el ejercicio profesional: “Cumplirán labores en un país que ha cambiado, con nuevas realidades epidemiológicas, sociales y demográficas. Frente a ello, la respuesta no puede ser el miedo ni la inmovilidad, sino la reflexión crítica y el compromiso ético”, afirmó.
Asimismo, agregó que “ser matrona o matrón implica acompañar procesos vitales en contextos muchas veces complejos, y hacerlo con respeto, empatía y compromiso con los derechos sexuales y reproductivos será vital dentro de su rol como profesionales dedicados a mejorar la salud de la población”, afirmó la profesora Ortiz.
Finalmente, llamó a preservar el sentido humano del cuidado: “Nada sustituye una escucha atenta, una explicación clara y un trato digno. Mientras logren cuidar sin endurecerse y comprometerse sin perder la humanidad, la matronería seguirá teniendo sentido”, señaló. “La formación no termina hoy. Este es solo el inicio de un camino que exige actualización permanente, reflexión ética y una profunda vocación de servicio público”, concluyó.
El cierre de una etapa universitaria exigente y profundamente formativa, junto con el comienzo de una vida profesional llena de desafíos y oportunidades, proyecta a esta nueva generación de matronas y matrones de la Universidad de Chile a ejercer su profesión con excelencia, conciencia social y un compromiso permanente con el cuidado digno de la vida y la salud de las personas.